(Por Jeremías Batagjelj)
Rápido, alegre, habilidoso, bailarín, ágil, fiestero, son las típicas características que le vienen a la mente de cualquier futbolero cuando piensa en un delantero brasileño. Estas mismas se pueden asimilar bastante al perfil de Neymar, el futbolista de Santos, quien aparece como una de las máximas figuras de Brasil para la próxima Copa América.
Nacido hace diecinueve febreros en Mogi das Cruzes, una ciudad en las afuera de Sao Pablo, este chico estuvo la mayoría del tiempo de su infancia haciendo nada más que sus dos pasiones: mirar dibujitos animados en la televisión y jugar a la pelota. Hoy en día esa pasión por las caricaturas las cambió por la música electrónica pero aún sigue manteniendo ese amor por el fútbol. Desde sus comienzos se sabía que lo que hacía Neymar con el balón no era común, fue así que el poderoso Santos (en donde brilló un tal Pelé) lo fichó con tan solo 11 años. Mal no le fue hasta ahora, convirtió 65 goles en un total de 130 partidos, comandó al Peixe a dos Campeonatos Paulistas y quizás habrá que sumar también una Libertadores a sus logros.
A pesar de su corta edad, arrastra más de siete partidos de titular con la selección brasileña y las ofertas para emigrar a Europa l¡no le faltan, tanto que dos gigantes como Chelsea y Milan se disputan el pase para próximo mercado invernal. Pero no es todo color de rosas para Neymar, ya que varias son las críticas sobre su irresponsabilidad tanto dentro como fuera de la cancha. Luego de un partido su actual técnico afirmó “Neymar necesita educación y maduración para poder ser un buen jugador de fútbol”. En noviembre será padre y dice él que esa noticia lo cambió por completo, su forma de manejarse, de evadir los problemas. Dice también que solamente está enfocado en la Copa América. Ojala que pueda demostrar todo su potencial.
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