(Por Juan Limansky)
El 10 de junio del 2001 Javier Zanetti fue reconocido por la Legislatura Porteña como Personalidad Destacada del Deporte. Más allá de su brillante carrera profesional como futbolista, esta importante distinción se le otorgó por su calidad como persona y por su compromiso social. Mientras recibía una gran ovación, en medio de la ceremonia, el pupi se quebró, como pocas veces se lo vio públicamente, y recordó entre lágrimas a su madre, fallecida 11 días antes del acto, en otra demostración de su sensibilidad emocional.
Como jugador de fútbol, todo el mundo sabe lo que es Zanetti. En sus comienzos en Talleres de Remedios de Escalada, nunca imaginó que terminaría siendo el hombre con más presencias en la historia de la Selección argentina, con 140. Pese a esto, inexplicablemente no fue parte de los últimos dos Mundiales, ya que los entrenadores eligieron poner en el puesto de lateral derecho a jugadores que no sentían naturalmente esa posición (Nicolás Otamendi, Jonás Gutiérrez, Fabricio Coloccini, Leandro Cufré, Nicolás Burdisso). Tampoco imaginó cuando llegó en 1995 al inter, de Milán, que llegaría a ser el segundo jugador con más participaciones en la historia de uno de los clubes más grandes del mundo, con 539 (a solo 6 del primero, Giuseppe Bergomi). Capitán e ídolo hace más de 10 años, el “tractor” conquistó 14 títulos con el neroazzurro.
En el otro aspecto importante de la vida de Zanetti, en el año 2002 fundó, junto a su esposa Paula la Fundación P.U.P.I (Por Un Piberío Integrado), que se encarga de ayudar al desarrollo personal y social de niños y adolescentes carenciados en Argentina. Todos los años organiza un partido de fútbol con estrellas mundiales para recaudar fondos para la fundación. Si se hace una encuesta a todas las personas que lo conocen, probablemente nadie pueda hablar mal de Javier Zanetti, ni como futbolista ni como persona.
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